Historia de la medicina en el siglo XVIII
La medicina
ha cambiado muchísimo a lo largo de la historia. No fue un camino rápido, ni
sencillo. Los conocimientos del médico griego Galeno (s. II-III d. C.) guiaron
durante siglos a los médicos y cirujanos de Occidente. A partir del siglo
XVIII, la medicina empezó a dar pasos agigantados en el estudio, identificación
y tratamiento de las dolencias que afectaban a los seres humanos. El
pararrayos, el termómetro de mercurio, la máquina de vapor... todo son inventos
con los que estamos familiarizados y son, para nosotros, habituales, ¡pero en
su momento fueron descubrimientos de gran importancia! Todos se inventaron en el
Siglo de las Luces, que es como se denomina en el siglo XVIII ya que fue una
época de trascendentes descubrimientos científicos. Fueron unos años, pues,
durante los cuales los científicos gritaron "eureka" más de una vez,
y la sociedad y la cultura estaban volcados en desentrañar todos los secretos
de la naturaleza. No sólo se hicieron grandes inventos, también fue época de
las grandes composiciones musicales de Mozart o de la iniciativa de la
Encyclopedie de los ilustrados de la Revolución Francesa. Y todo ello mientras
guerras y cambios ocurrían, como la derrota catalana de 1714. Durante esta
época se mantuvieron los antiguos métodos curativos como las ventosas, los
purgantes y las sangrías, aunque también se avanza significativamente en varias
especialidades como lo son la anatomía y la filosofía. El vitalismo y el
mecanismo mantienen su vigencia no obstante se realizan grandes aportes como la
percusión y la vacuna. Por otro lado el panorama se aclara sobre la discusión
sobre el origen de la vida con la derrota de la teoría de la generación
espontanea. La vacuna, como su nombre indica, viene de vaca. En el siglo XVIII,
el médico británico Edward Jenner (1749-1823) observó que las mujeres que
ordeñaban estos animales permanecían inmunes a la viruela, un mal que en la
época provocaba una mortalidad altísima. Investigó y llegó a la conclusión de
que, si inoculaba a otras personas el virus de viruela bovina, similar a la
humana pero menos agresiva, conseguiría poner a sus pacientes a salvo de las
epidemias. Auenbrugger desarrolló la técnica de la percusión directa, que
consiste en golpear el tórax con las puntas de los dedos juntos. En 1761
publicó el fruto de sus estudios en un librito de menos de 100 páginas:
Inventum novum ex percussione thoracis humani ut signo abtrusos interni
pectoris morbos detegendi. Como corresponde a tantos precursores, su obra fue
inicialmente poco valorada en los círculos médicos de Austria. Hasta hubo
quienes le negaron originalidad, y se remitieron a la sucusión hipocrática (que
consiste en sentar al paciente y sacudirlo con movimientos laterales, lo cual
permite escuchar en caso de hidroneumotórax un rumor de oleada). Pero poco a
poco la lectura cuidadosa de algunos contemporáneos y la traducción a otras
lenguas fueron haciendo un lugar a la percusión. En 1808 Corvisart, médico
personal de Napoleón, tradujo el Inventum Novum al francés (no fue la primera
traducción a ese idioma, pero sí la más importante y difundida por el prestigio
y autoridad del autor), y agregó sus propias observaciones con el nuevo método
diagnóstico. Fue la entrada del mismo en la Medicina Interna, de la que sería
uno de los pilares. Más tarde se desarrollaría la percusión indirecta, con la
interposición entre los dedos que martillan y el tórax de un cuerpo sólido (el
plesímetro) o bien del dedo mayor de la otra mano, que es la forma en que todos
nosotros, mal que mal, seguimos haciéndolo. Para entonces Auenbrugger ya había
muerto, en 1798 para algunos, entre 1807 y 1809 para otros. Queda solo por
recordar que al describir Laënnec el uso del estetoscopio recomendaba
firmemente comenzar el examen con la maniobra del hijo del posadero
Principales figuras de la medicina en el siglo XVIII
Pese a los grandes avances del conocimiento presenciados hasta el siglo XVII, los descubrimientos que tuvieron aplicación directa en medicina y cirugía fueron escasos. Las Universidades seguían el procedimiento deductivo y otorgaban los títulos que facultaban para practicar la medicina, basándose en una formación sobre todo teórica. Para ello, la condición no era saber medicina, sino demostrar el conocimiento del latín. Las escuelas médicas debían su prestigio generalmente a la atracción de un gran maestro que trabajaba en ellas. Entre las escuelas destacaron la vienesa, iniciada con Boerhaave (1668-1738) y la de Edimburgo, representada por Alexander Monro (1697-1767).
Los cirujanos seguían sin alcanzar el nivel social de los médicos, pese a su creciente actividad y fama debido a la necesidad de sus intervenciones debido a los conflictos bélicos existentes en Europa. Sin embargo, dado que la anatomía macroscópica ya había alcanzado un gran desarrollo, el interés por una cirugía cada vez más agresiva fue creciendo. Aunque existían cátedras de cirugía que centraban su actividad en el conocimiento de la anatomía topográfica y la anatomía quirúrgica, éstas no eran numerosas. La formación de los cirujanos se seguía realizando fuera, y a veces en oposición a la Universidad. Los cirujanos barberos ejercían su profesión de forma itinerante, dedicándose a patología poco importante: heridas, sangrías, dientes, fracturas, úlceras, cataratas, cálculos, hernias..., con unos resultados mediocres. La actividad consistente en la manipulación de fracturas y luxaciones se denominaba los que la practicaban de menor rango social que los cirujanos barberos.
Durante el siglo XVIII se intenta dotar a la
cirugía de un cuerpo doctrinal que la definiese (incluyendo las lesiones de
huesos y articulaciones). En España los intentos para regular la capacitación
de los cirujanos continuaban desde el siglo XVI. Así, Fernando de Mena,
cirujano de Felipe II (1527-1598), hizo publicar un decreto para que: no se
admitiese a examen a ningún cirujano, que no diese cuenta del álgebra, para que
usándola los mismos cirujanos y examinándose della, excuriessen y acabasen los
concertadores que por ahí andan sin entender la anatomía de los huesos.
Con posterioridad, con Felipe III (1578-1621)
se incluye de forma definitiva el álgebra en el
temario que los cirujanos tenían que rendir
ante el Protomedicato.
Durante el siglo XVII y hasta mediados del XVIII las universidades españolas no participaron de forma activa en el desarrollo de la medicina, siendo las Academias y sobre todo los Reales Colegios de Cirugía, los promotores del desarrollo científico. Tras la instauración de los Borbones (Felipe V,1713) la cirugía militar cobró un importante impulso a la vez que instituciones más tradicionales como las universidades veían frenado su desarrollo. Dentro del abanico de la cirugía, los cirujanos castrenses gozaban de cierto prestigio.
Pedro
Virgili, cirujano
de la Armada creó en Cádiz, en el Hospital Real, un centro para la formación
anatómica de los cirujanos castrenses. Posteriormente este centro se
convertiría en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz. Después se crearon el Real
Colegio de Cirugía de Barcelona, y el Colegio de Cirugía de San Carlos
de Madrid, abiertos también a los cirujanos civiles. Como justificación de
la creación del Colegio de Cirugía de Barcelona, Carlos III afirma: Por cuanto
uno de los principales cuidados de mi Real atención es la conservación de mis vasallos,
contra la cual son continuas y sensibles ante los ojos de todos, las fatales
consecuencias y perjuicios que se han seguido y siguen cada día por la falta de
completa instrucción en los que ejercen la Facultad Quirúrgica en mis Reinos; La
situación en Europa era comparable a la española. Así, por ejemplo, en Francia
surgió en 1731 la Académie Royale de Chirurgie, siendo equiparada a las
Universidades como centro de enseñanza de la cirugía. En su fase inicial fue
dirigida por el gran cirujano Jean Louis Petit (1674-1750) que además
de aportaciones anatómicas destacó por el perfeccionamiento del torniquete.
También diseño una caja de fractura.
En
Inglaterra, la enseñanza de la cirugía se encontraba aislada de la medicina
oficial pero amparada por la United Company of Barbers Surgeons. El
prestigio individual de algunos famosos cirujanos como William Hunter o
Percival Pott, permitió el establecimiento de Escuelas privadas de Cirugía que
consiguieron separarse de la Unión de Barberos. Estas escuelas formaron
la Compañía de Cirujanos, precursora del Colegio de
Cirujanos establecido en 1800 por Jorge III.
Percival
Pott (1714-1788)
nació en Londres y trabajó en el Hospital St. Bartholomew. Describió la
fractura de tobillo que lleva su nombre. Curiosamente, la circunstancia que le
impulsó a escribir sus obras científicas fue la inmovilización a la que se vio
sometido cuando sufrió una fractura abierta de tibia, que, en su época, casi
con seguridad hubiese necesitado una amputación inmediata. Pott se negó a la amputación
y consiguió, mediante inmovilización, salvar la pierna. La principal aportación
original de Pott fue relacionar la escrófula pulmonar con la lesión vertebral
con compresión de la médula espinal (paraplejia de Pott). Fuera de la
traumatología y ortopedia realizó otras aportaciones a la ciencia médica, como
el relacionar el cáncer escrotal de los deshollinadores con la exposición al hollín.
Joseph Clement Tissot publica su libro Gimnasia medicinal y quirúrgica o
de los diferentes ejercicios del cuerpo y del descanso en la curación de las enfermedades;
editado en 1780. Analizó los movimientos de los artesanos y expresó la
necesidad de poseer unos buenos conocimientos anatómicos para la prescripción
de ejercicios ortopédicos.
Jean-Andre
Venel (1740-1791),
nacido en Suiza, estableció el primer instituto ortopédico del mundo,
localizado en el Canton de Vaud. Se trata del primer hospital dedicado de forma
específica al tratamiento de las lesiones y deformidades esqueléticas en niños.
A Venel se le considera como el primer ortopedista y padre de la ortopedia,
pues su instituto ortopédico sirvió como modelo para muchos otros hospitales.
Venel destacó la importancia de la luz solar y diseñó varios aparatos ortopédicos
en los talleres del instituto.
John
Hunter (1728-1793)
fue uno de los más prestigiosos cirujanos europeos. Nació en Escocia y trabajó
de jóven en una ebanistería. Posteriormente se trasladó a Londres con su hermano
William, cirujano y profesor de anatomía. Fue alumno y cirujano en el Hospital St.
George de Londres y también trabajó en la sala de disección de su hermano
en Covent Garden. En la guerra de los siete años actuó como cirujano militar y
estableció un centro de investigación en Golden Square (Londres), enseñando
posteriormente en Leicester Square. Su interés por las cuestiones quirúrgicas
abarcómuchos campos, destacando su descubrimiento de la circulación
placentaria. Aunque John Hunter recibió escasa educación formal, estableció las
bases científicas de la cirugía y estableció las condiciones para los avances
del siglo veinte. Su dicho: pienses,
experimenta ha inspirado a generaciones
de cirujanos modernos. Hunter intenta basar el saber quirúrgico sobre los resultados
de la investigación biológica y la patología experimental. Para Hunter (figura
16), el cirujano no puede ser realmente eficaz sin un conocimiento suficiente
de las causas y el mecanismo de la enfermedad. La fisiología debería ser para
el cirujano tan importante como la anatomía, porque la estructura anatómica no
pasa de ser la expresión estática de la actividad funcional. El gran mérito de
John Hunter fue el impulsar la actividad del cirujano hacia una cirugía
sistemática, reglada, basada en la anatomía, en la anatomía patológica y en la
experimentación. La obra
quirúrgica
de Hunter marca el verdadero despegue científico de la cirugía europea,
sentando las bases de un saber quirúrgico que abrirá las puertas a muchas
especialidades, entre ellas a la Traumatología.
Además de
los conocimientos obtenidos de sus experimentos con animales, muchos de los conocimientos
de Hunter pueden atribuirse a su experiencia militar. Hunter preconiza una
actuación quirúrgica restauradora que debía seguir las pautas marcadas por la
naturaleza: la cicatrización dependía de una capacidad innata del organismo y
la tarea del cirujano sería ayudar a esta capacidad. Hunter escribió un Tratado
sobre la sangre, la inflamación y las heridas por arma de fuego; en 1794, e
intentó el injerto de tejidos. Con respecto a aspectos traumatológicos
concretos, la principal contribución de Hunter, además de su doctrina general
sobre el tratamiento de las fracturas, se encuentra en el concepto de la
reeducación muscular necesaria una vez que se ha producido la consolidación
ósea: defendió la práctica de la movilización precoz, mediante ejercicios activos,
después de las enfermedades o traumatismos. También describió como evaluar la
fuerza muscular en un músculo debilitado. Hunter creía que las enfermedades
óseas requerían a menudo de asistencia mecánica. Estudió los cuerpos libres
intraarticulares, la pseudoartrosis y el proceso de consolidación de las
fracturas, describiendo la transformación del hematoma de fractura en un callo fibrocartilaginoso
hasta el depósito de hueso nuevo, trabeculación, restablecimiento del canal medular
y reabsorción del exceso de tejido óseo.
William
Hey (1736-1819)
nació en Pudsey escribió un libro de cirugía que contenía varios capítulos
dedicados al estudio de la ortopedia. Fue el primero que practicó la cirugía en
Leeds donde promovió la construcción de un hospital. Entre sus principales
aportaciones destaca la descripción de la osteomielitis subaguda de tibia,
proponiendo el desecamiento de la lesión.
También
describió las lesiones meniscales y la presencia de cuerpos libres articulares.
Introdujo también la amputación tarso-metatarsiana. A finales del siglo XVIII
el diplomático británico Eaton, describió una técnica para el tratamiento de
las fracturas que había visto utilizar a los habitantes de Bassora (Turquía):“.se
encierra el miembro roto, una vez que los huesos han sido colocados en su
sitio, en una caja de yeso de Paris, que toma exactamente la forma del miembro
sin ninguna presión, y en unos minutos la masa se torna sólida y fuerte...;.Esta
técnica fue adoptada en Europa de forma rápida, difundiéndose su uso. La
utilización de férulas de escayola ligeras permitió la movilización precoz de
los miembros fracturados, lo que dio lugar a una agria polémica entre los
partidarios del reposo absoluto y los defensores de la movilización que duró hasta finales del
siglo.
En España,
la figura quirúrgica más brillante de esta época fue Antonio de
Gimbernat (1734-1816).
Estudió en el Colegio de Cirugía de Cádiz, accediendo en 1762 a la cátedra de anatomía del Colegio de Cirugía de Barcelona. Fue fundador y docente del Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid (1787). Gimbernat es un cirujano general y no un algebrista. En su obra Formulario Quirúrgico insiste en la necesaria formación anatómica de los cirujanos, siendo su principal aportación a la Traumatología el establecimiento de la operación reglada; basando las intervenciones quirúrgicas en una fundamentación anatómica. A finales del siglo XVIII se fecha el primer caso de fijación interna en una fractura reciente. Se trata de un cerclaje de húmero mediante alambres de cobre realizado en 1775, aunque existen dudas al respecto. La intervención habría sido realizada por dos cirujanos de Toulousse: Lapujade y Sicre.
Avances mas notables del siglo XVIII
A partir del siglo XVIII, la medicina empezó a dar pasos agigantados en
el estudio, identificación y tratamiento de las dolencias que afectaban a los
seres humanos. Estos avances científicos fueron claves para el desarrollo de
esta disciplina y combatir las enfermedades.
Cuando se pudo demostrar
que las bacterias eran las causantes de muchas infecciones, los científicos comenzaron a preocuparse más por destruirlas, que por buscar paliativos contra
los síntomas que producían. De tal manera, los métodos establecidos por el
bacteriólogo alemán Robert Koch a raíz de haber aislado la bacteria
desencadenante de la tuberculosis, se emplean todavía en la microbiología médica, cuyo desarrollo se debe en gran parte a sus esfuerzos para cultivar e
identificar las bacterias
Las vacunas.
Vacuna, como su nombre
indica, viene de vaca. En el siglo XVIII,el médico británico Edward Jenner
(1749-1823) observó que las mujeres que ordeñaban estos animales permanecían
inmunes a la viruela, un mal que en la época provocaba una mortalidad altísima.
Investigó y llegó a la conclusión de que, si inoculaba a otras personas el
virus de viruela bovina, similar a la humana pero menos agresiva, conseguiría
poner a sus pacientes a salvo de las epidemias.
La anestesia.
Charles Darwin (1809-82) tenia que haber sido médico, pero de joven
presenció en Edimburgo un par de operaciones que le traumatizaron. En su
autobiografía nos explica por qué: se habían efectuado sin anestesia. Como
decia el propio Darwin, tuvieron lugar antes de "los benditos dias del
cloroformo".
En esos momentos aún se empleaba el éter, pero esta sustancia tenía
efectos secundarios.Por eso se recurrió al cloroformo. En 1847 se utilizó en el
primer parto sin dolor. La madre quedó tan satisfecha que llamó a su hija
Anestesia. Pocos años después, la reina Victoria de Inglaterra optaría por este
procedimiento al dar a luz a su hijo Leopoldo.
La genética.
Es curioso cuántos invitados se parecen en una boda. Son familia, y por
eso comparten genes. Esto que a nosotros nos parece tan obvio no lo era hasta
que Gregor Mendel dio a conocer las leyes de la herencia en 1865. jY lo hizo a
partir de experimentos con guisantes!
La aspirina.
Descubrimiento de la aspirina. En realidad, aspirina no es el nombre de un producto, sino una marca, creada por la empresa alemana Bayer en el siglo XIX para comercializar el ácido acetilsalicilico.El químico francés Charles Frédéric Gerhardt sintetizó en 1853 este analgésico, antiinflamatorio y antipirético (contra la fiebre)
En
la actualidad,la aspirina está considerada un medicamento esencial por la
Organización Mundial de la Salud. Se
consumen en todo el mundo 40.000 toneladas al año.
Los grupos sanguíneos.
Gracias al conocimiento de los grupos sanguíneos podemos practicar
transfusiones sin peligro, sin exponernos a que la sangre del receptor sea
incompatible con la del donante. El austriaco Karl Landsteiner encontró tres en
1901. Más tarde, sus discípulos Adriano Sturli y Alfred von Decastello
descubrieron un cuarto.
Años
más tarde, Landsteiner hallaría el Rh, una proteína de la membrana de los
glóbulos rojos. Si lo tienes, tu Rh es
positivo. Si no lo tienes, negativo.
La farmacia en el siglo XVIII
La ciencia de la farmacia ha estado presente a lo largo de la historia
de la humanidad puesto que el hombre ha ido buscando soluciones para sanar y
aliviar las afecciones de su cuerpo y del de los animales. El brujo, el
hechicero, el chamán o el curandero fueron las primeras figuras dedicadas a
tratar los problemas de salud, llevando a cabo desde la preparación de curas,
hasta cirugías o danzas que ahuyentaban a los malos espíritus. El médico y el
farmacéutico fueron una misma persona durante mucho tiempo, hasta el siglo
XIII, cuando comienza a separarse ambos oficios.
En
el interior de las farmacias, durante los primeros años de este siglo se
continuó con la labor renovadora iniciada en
el siglo anterior, de manera que, en todas las reboticas, se prepararon junto a las formulas tradicionales, los
medicamentos químicos, sin que ello supusiera ningún problema. Al mismo tiempo, el uso de
utensilios y de métodos de trabajo mas modernos, se fue implantando progresivamente. Los conceptos
y métodos antiguos quedaron superados definitivamente.
El método que se usó en la valoración farmacológica así como en el estudio clínico de los medicamentos fue el de
"ensayo y error"; y fue desarrollado "in vivo"por los médicos en el ejercicio de su profesión,
de manera que usando su intuición y su razonamiento progresaron hasta superar sus errores.
Las oficinas de farmacia tenían un aspecto
semejante al del siglo anterior; en grabados de este siglo se aprecian algunas
de gran magnificencia. El boticario del siglo XVIII fue un hombre rico y
socialmente considerado.
Entre
los utensilios que se popularizaron en este siglo, está el pildorero, que
primero consistió en un peine de madera
cuyos dientes estaban más o menos espaciados a lo largo de 20 cm. con el fin de señalar en los magdaleones
los puntos por donde debía cortarse la pasta de las píldoras para que estas fueran todas
iguales y con el tiempo fue sustituido por el de Baumé, semejante al que se usa hoy día. Los botes
-alvarelos- de farmacia, con sus inscripciones representando los símbolos alquimistas,
hechos de cerámica y ricamente adornados, se convirtieron en los recipientes obligados
para conservar los medicamentos. El "ojo de boticario" era un armario de madera ricamente tallada
y que se cerraba con llave, donde el boticario guardaba sus específicos más preciados.
La influencia de la religión
A lo largo de
la Historia el ser humano no sólo ha buscado en la naturaleza la forma de
devolver la salud al cuerpo o la curación, sino que
también se ha valido de las creencias religiosas y de la superstición para
conseguir tal fin. En este contexto, la religión católica ha jugado siempre un papel
importante a la hora de tratar enfermedades, hasta el punto de que a día de hoy
se siguen realizando algunas prácticas cuyo origen se remonta a siglos
pretéritos y que conocemos como medicina popular. En este artículo pretendemos
mostrar brevemente algunos de estos conocimientos mágico-religiosos que nos
ayudarán a entender tanto a las sociedades del pasado como a las actuales.
La insuficiencia de saberes médicos, aún persistente
en el siglo XVIII, junto con la escasez de profesionales académicos y la
ignorancia en la que vivía gran parte de la sociedad moderna, explican el alto
grado de pervivencia de la medicina popular, así como de los remedios curadores
religiosos y supersticiosos. El origen de la creencia curativa de la religión
católica radica en el propio concepto del cristianismo, que siempre se ha
mostrado como una religión sanadora, al igual que ha pasado a lo largo de la
historia con otras religiones y culturas. No hay más que ver el ejemplo de Cristo
en los textos bíblicos, donde la mayoría de sus milagros fueron curaciones, o cómo
la ira de Dios se plasmaba en la población en forma de pestes y enfermedades. La
creencia basada en los poderes sobrenaturales tanto de Dios, la Virgen y de los
santos de lograr interrumpir favorablemente una dolencia o sufrimiento sigue estando
latente en la actualidad, siendo las iglesias cristianas las encargadas de recordar
a los fieles que la enfermedad era un castigo divino por sus pecados, siendo el
único remedio contra ella la oración y la penitencia. Ante la angustia y el
sufrimiento, la gente recurría al peregrinaje, las súplicas, las procesiones o
las oraciones, de tal forma que se empezó a constituir toda una serie
de prácticas religiosas para combatir la enfermedad y
obtener la curación. Estos rituales, conocidos como promesas o exvotos, que más
adelante detallaremos, se trata de una respuesta a la ansiedad provocada en el
paciente y sus familiares ante la situación de impotencia y desamparo creada
por el dolor, la proximidad de la muerte y la inutilidad y escasez de la
medicina científica del momento. A partir del siglo XVIII se empieza a
discernir más claramente la medicina popular de la científica a favor de ésta
última, aunque la primera nunca fuese olvidada y quedara plasmada en tradiciones
que perduran incluso en la actualidad.
Según las causas de la enfermedad, y atendiendo a su
naturaleza, se acudía en cada caso al consejo de personas entendidas, ya fuera
el médico, la comadrona, la curandera, el herbolario, etcétera. De la misma
manera ocurría con las diferentes representaciones de la Virgen y los santos,
dentro de los cuales empezó a desarrollarse una verdadera especialización en
fechas tempranas del Medievo y mediadores universales para convertirse en
especialistas de enfermedades concretas o más bien de dolencias que atañían a
algunas partes del cuerpo en concreto. Es así como se crea con el tiempo una
verdadera lista de los llamados “Santos sanadores” o “Santos auxiliadores” que
serán venerados en base a la historia de sus vidas y martirios, siendo los
patrones de una u otra enfermedad. La festividad de estos santos se celebra el
25 de julio, coincidiendo con la festividad de San Jaime.
Se trata de santos muy antiguos, muchos de los cuales
apenas son conocidos en la actualidad y
en cuyas “filas” podría parecernos que faltan otros tantos que a día de hoy
cuentan con más devotos y con mayor popularidad. Además, también debemos tener
en cuenta a todos los santos con poderes salutíferos que cuentan con una gran
presencia a nivel local o geográfico. Es por esta razón por la que nos resultaría
imposible mencionar a todos ellos, ya que resultaría una lista muy numerosa.
La medicina en el siglo XVIII dependiendo de la zona geográfica
La medicina Europea en el siglo XVIII
Se ha visto que
durante el siglo XVIII Europa alcanzó su máximo desarrollo artístico y
científico en la medicina. Y fue en la segunda mitad del siglo que estudiamos
cuando se dio una fuerte penetración de las ideas europeas. En la enseñanza de
la medicina del periodo colonial se aprecian dos etapas: la primera, de
carácter teórico y sin alteraciones en el sistema que se impartía, abarca los
siglos XVI y XVII; la segunda, por las observaciones, modificaciones y
agregados que se hicieron a la enseñanza, corresponde a la segunda mitad del
siglo XVIII y al primer tercio del siglo XIX . El siglo XVIII es muy influente
debido por las innovaciones que se presentaron, por el desacuerdo que surgió
con el antiguo sistema médico, porque se creó el espíritu de investigación, y
aunque en este siglo no se llegaron a aplicar todos los objetivos de los
estudiosos, si establecieron los cimientos para dar inicio en el siguiente
siglo a una vida científica, un ejemplo de ello es que en la Universidad
introdujeron a manera de libro de texto obras de autores europeos que
produjeron una crítica hacia la interpretación de que las enfermedades se debían
a la alteración de los humores, además de que surgieron nuevos conceptos y
conocimientos. Así mismo, fue importante que al margen de la Universidad se
crearan institutos. La expulsión de los jesuitas produjo en Europa grandes
cambios en la educación superior porque los colegios y las universidades que
habían estado hasta entonces subordinadas a las órdenes religiosas fueron
reorganizadas por parte del gobierno español y otros países, lo que repercutió
también en la Europa del siglo XVIII pues alrededor de la Universidad se
crearon establecimientos de carácter laico. En cuanto a la cirugía, a semejanza
de la Metrópoli, donde en la segunda mitad del siglo XVIII se estaba
promoviendo la creación de instituciones educativas, en Europa se estableció el
Real Colegio de Cirugía. El establecimiento de una institución más para los
facultativos mejoró los estudios médicos en Europa. La Universidad había sido
el único centro para su enseñanza, y ya se vio que aun en el siglo XVIII esta
institución mantenía casi los mismos criterios que en el siglo XVI. Y
comenzaron los intercambios médicos y de los estudios científicos entre Asia y
Europa dando como consecuencia la llegada de la acupuntura a la medicina
europea, método que finalizó más tarde de forma repentina por el avance de la
farmacología y el desarrollo de potentes analgésicos y anestésicos, tanto en
Europa como en China.
Medicina en África en el siglo XVIII
La medicina Africana del siglo XVIII se basaba
prácticamente en pocas palabras en la utilización de las plantas para la
curación de enfermedades, esta reveló a la medicina científica la utilidad de
la digital para combatir la hidropesía; hoy, los principios activos de esta
planta (Digitalis sp.) constituyen la base de los medicamentos “científicos”
más usados para combatir la hidropesía y la insuficiencia cardíaca que la
provoca. También la cultura popular africana ha nutrido la farmacopea, algunos
de los antihipertensivos más usados surgieron de extractos de khella (Amni
visnaga), planta usada tradicionalmente en el norte de África; de la vinca de
Madagascar (Catharanthus roseus) obtenemos potentes antitumorales; del ciruelo
africano (Pygeum africanum) elaboramos los principales medicamentos para
combatir la hiperplasia benigna de próstata basándonos en el uso tradicional
por parte de algunas etnias del centro y sur de África para tratar esta
dolencia. Son muchos los ejemplos que, como los citados, evidencian que también
África y su cultura pueden aportar a “nuestra medicina” conocimientos
substanciales
Medicina en China en el siglo XVIII
Es imposible en pocas palabras dar una idea del desarrollo
de la medicina china a finales de este período en ramas tan diversas como la
pediatría, oftalmología, ginecología, obstetricia, medicina interna y en
materia de drogas. La medicina china comenzó a difundirse en Europa por las
crónicas de los misioneros en los siglos XVI y XVII y así la doctrina del
Moe-king sobre el pulso fue expuesta en 1666 por el sacerdote jesuita Michael
Boym. Las doctrinas médicas del Nei-king y la materia médica del Pents'ao king
fueron difundidas en la primera mitad del siglo XVIII y en esa misma época la
acupuntura y las moxas, aunque indirectamente por relatos de los viajeros
holandeses en el Japón. Todo el proceso de desarrollo de la medicina china en
el siglo XVIII se hizo engorroso debido a que la dinastía manchú Ts'ing consiguió
en 1644 el control militar de Pekín y poco después dominó todo el territorio
chino, pero a pesar de sus aciertos iniciales tuvo que enfrentarse desde el
comienzo a una creciente resistencia popular e intelectual y a la penetración
europea y norteamericana a finales del siglo XVIII. La medicina siguió regida
desde Pekín, pero ahora por la T'ai Yi-yuan, o Academia Médica Imperial, que
atendía a las necesidades de la corte y dirigía la asistencia pública
Autores:
Estrella Coronado
Angela García
Lervin Gómez
Marlin Ochoa
Samuel Urbina
Estudiantes de 1er año de la sección número 48 de Medicina
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